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Guía por la ciudad

Casa de Ejercicios Espirituales

Para el entonces joven seminarista, la realización de los ejercicios ignacianos había sido una experiencia que lo marcaría para toda la vida, siendo esta una práctica esencial para todo creyente por lo que toda su vida se dedicó a difundir los mismos.

Desde 1730, la práctica de los ejercicios espirituales se había extendido por toda la región serrana, pero, con la expulsión de los padres Jesuitas y la ausencia de sacerdotes, esta práctica decayó. Cuando Brochero asume el Curato de San Alberto, quiso dar vitalidad a esa actividad espiritual.

Estando en Córdoba frecuentaba aquel edificio antiguo donado por don Mariano Vicente Gonzalez para esa actividad y donde el santo cura había pasado muchas de sus mejores horas en cercanía a Dios.

Concurría periódicamente, acompañado de numerosos grupos de ejercitantes de su parroquia y es aquí donde conoce a la Sra. Saturnina Rodriguez de Zavalía , quien luego será su compañera de camino y obras en la villa transerrana, la Madre Catalina de Maria.

En el interior de ese inmueble de dos pisos, reinaba el silencio y la oración durante los días que duraban los ejercicios.

Cuando el Padre Brochero comienza a frecuentar los distintos lugares de su curato, y observar que muchos de los vecinos estaban alejados de Dios, se encargó de acercarlos cada vez un poco más, saliendo en su mula en búsqueda de quienes lo quisieran acompañar a realizar estos ejercicios en Córdoba.

Al principio fueron pocos, pero con el tiempo la cantidad de ejercitantes fue creciendo y esa era su misión, él iba dispuesto a esos lugares inhóspitos en búsqueda de la conquista de las almas para la fe cristiana. Brochero fue conociendo todos los pormenores, la indiferencia y la idiosincrasia de los campesinos. Pero cada palabra, cada acción fue encendiendo los corazones de su gente y cumpliendo lo que tanto anhelaba.

Luego de un tiempo, consiguió reunir un gran grupo de hombres y mujeres dispuestos a montar sus mulas y trasladarse a la ciudad de Córdoba para ingresar a la casa de ejercicios por nueve días. Muchas de esas familias traían a sus hijos chicos para dejarlos en el pueblo, en la casa de algunos vecinos con los que el Cura Brochero había hablado para que los atendieran durante el tiempo que duraba la práctica.

Sobre las calles de Córdoba se podía ver las marcas de las herraduras de las mulas, una caravana desembarcaba en la ciudad y llamaba la atención de todo el vecindario y apenas se difundía la noticia, muchos de los que iban a mirar de cerca la comitiva, se sumaban a realizar los ejercicios espirituales.

Cabalgar durante tres días ese camino de más de dos mil metros de altura no era fácil, pero el deseo de llegar los alentaba a seguir.

Fue en este lugar ubicado en la calle 9 de Julio 60 donde comienza el sueño de Brochero y donde comprende la importancia y necesidad de construir una casa de ejercicios en su curato.

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El Santo Cura Brochero y su paso por Córdoba

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