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Historia de José Gabriel del Rosario Brochero Dávila

Haciendo propias las palabras de un periodista de la época, podemos expresar: “¿Quién no conoce en Córdoba al Padre Brochero? porque “es el sacerdote del pueblo y mejor dicho del campo, de sus gentes sencillas, con cuya alma se ha identificado y de la que ha tomado sus hábitos, en lo que tienen de bueno y pintoresco, siendo su predicador favorito, por su oratoria nacional y expresiva, que toma sus... figuras de las cosas que lo rodean, los objetos que ellos conocen y hasta los trabajos que les son habituales... habla al aire libre, en pleno campo, desde su caballo o su mula y más, con su propio ejemplo enseña y convence.
Decía y enseñaba el incomparable misionero de las sierras cordobesas: “La gracia de Dios es como la lluvia que a todos moja”.

... Pero esta sencillez no lograba ocultar su preparación académica, porque el Cura Brochero había egresado de la actual Universidad Nacional de Córdoba donde estudió Filosofía y Teología y supo adaptar el lenguaje oral al modo de expresarse de sus feligreses para que pudieran entender el mensaje, mientras que en otros círculos continuó usando su lenguaje académico con alguna salida pintoresca que ganaba la empatía del oyente.

“Físicamente no descollaba por la armonía de sus facciones. La viruela había dejado profundas huellas en su rostro que, si podía afearlo en el sentido rigurosamente estético, daban no obstante al conjunto de su cara, un sello de bondad que nadie, absolutamente nadie, podía dejar de sentirse atraído por su persona, por su simpatía irresistible.
Tenía, un carácter abierto y superlativamente expansivo, modalidades llenas de chiste.
Su mirada era de una dulzura evocadora de su alma inmensamente buena. Una sonrisa perenne, reflejaba un espíritu libre de preocupaciones mundanas, porque para él, el mundo era verdaderamente un rebaño, y todo mortal una oveja a la que había que cuidar con entrañable cariño”... y con respecto a la metodología de trabajo relataba: “Predicaba de la forma más sencilla. Preparaba su predicación mediante esquemas, aún cuando después se apartaba de ellos.”
Cuando Brochero habla de sí mismo en sus cartas, en varias oportunidades se autodescribe como alguien que posee una “agreste personalidad”, que explica las cosas “a lo criollo” y por ello habla siempre “con la franqueza serrana” que lo caracteriza.
Toda su vida nos muestra un líder pacifista en su parroquia que conducía a los feligreses para que lograran una mejor calidad de vida en todos los órdenes. Obró con paciencia y silenciosamente, tratando de sacar a su pueblo de la miseria y la pobreza.
Empezó, convocándolos y juntos abrieron caminos, construyeron escuelas, la Casa de Ejercicios Espirituales, acueductos, tomas y canales para transportar el líquido elemento... y cuando los medios no le alcanzaron para realizar otras obras, pidió ayuda al erario público.
La tan difundida propuesta del ferrocarril – que debía unir la estación de Villa Dolores con la estación de Villa de Soto – y que podría traer a su paso el progreso de la zona porque se intercomunicaría pudiendo sacar sus productos hacia la Capital Federal y la ciudad de Córdoba, quedó en un sueño a pesar de los esfuerzos y gestiones realizadas durante años por el Cura Brochero y ser aprobado el proyecto por el Congreso de la Nación... argumentando razones económicas.
Por tal motivo, el Dr. Ramón J. Cárcano escribió al Sr. Juan José Vélez con motivo de la inauguración de la estatua de Brochero: “Dígale que su amigo de los días de salud y del trabajo, se descubre ante su recuerdo y también consagra su estatua; dígale que su quimera del ferrocarril yo la sustituí por la iniciativa y construcción del camino de Las Cumbres, en cuya cima habría cantado la misa de gracias; dígale que si está con Dios, es porque tuvo bondad con los hombres y que los hombres a veces son justos con los muertos.”
Si miramos por un momento las obras realizadas por Brochero para promocionar la zona, comprendemos que con sus iniciativas ayudó a transformar evangélicamente las situaciones que detenían el progreso y la civilización de la región.
Envuelto en su poncho, sobre la mula, transitando por casi inaccesibles montañas, es la imagen que mejor lo representa, porque cuando emprendía la marcha era para brindar algún servicio. Conocía el alma criolla y sabía de memoria sus caminos, como los de la sierra.
Las calles de la ciudad de Córdoba lo vieron transitar con los libros bajo el brazo – como cualquier estudiante de la Universidad Nacional – o trayendo ejercitantes, o acompañando a las Hnas. Esclavas del Corazón de Jesús (fundadoras del Colegio de Niñas de Villa del Tránsito)... O encabezando la comitiva del gobernador Miguel Juárez Celman en su visita a “Tras la Sierra” – para que conociera la obra, comprendiera las necesidades de la zona y ayudara a completarlas – o, rodeado de periodistas, encaminarse hacia la casa de gobierno para realizar alguna gestión vinculada a sus obras. O con paso rápido dirigirse a la estación del Ferrocarril para viajar a Buenos Aires y entrevistarse con los Congresistas que apoyarían su proyecto del ramal ferroviario – que debía unir Villa Dolores con Villa de Soto, trayendo progreso a la zona – o encaminarse hacia la periferia para visitar a los presos
de la Penitenciaría y ayudarlos espiritual y materialmente...

Lo vieron con su andar apurado, para recorrer las salas de redacción de los distintos periódicos, con la finalidad de entregar un nuevo aporte o hacer las correcciones de algún artículo de su autoría con errores de impresión que distorsionaban el contenido. Entonces se hacia tiempo para una charla cordial, con gran sentido del humor y picardía criolla.
Posiblemente, los interrogantes que pudieran provocar la lectura de este artículo, encuentren respuesta en las publicaciones adjuntas a continuación. Espero satisfacer sus inquietudes y generar otras que permitirán profundizar en el conocimiento de nuestro santo cordobés.

Liliana de Denaro.

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